De costumbre llegué tarde, cargando una bolsa llena de recuerdos, estabas diferente, recordé la primera vez que salimos, llegaste a la oficina con saco y lentes tipo aviador, muy seguro de ti, mi amiga sentada en el cubículo contiguo me dio un codazo para que volteara a verte, fue la primera vez que me fije en esa sonrisa tuya; pero esta vez traías ropa deportiva, tus ojos ya no sonreían al verme algo se había roto hace tiempo y ninguno de los dos luchó por arreglarlo, tu hablabas y para mi era más fácil cerrarme de oídos con música que esforzarme por escucharte, intentaste despedirte de mi, yo solo me aparte y tú te llevaste mi bolsa con todo rastro del tiempo que pasamos juntos.
No será fácil, eso lo puedes apostar, pero es verdad que el tiempo cura cualquier cosa, después de todo me tengo a mi misma, te llevaste nuestros recuerdos y yo me quedé con los sentimientos, no será este el único día que te escriba y te extrañe, me mostraste cosas de mi misma que conocía, encontré nuevos gustos y dejé de ver el árbol para aprender a ver el bosque.
No fue mucho el tiempo que compartimos, pero si muchas cosas, espero encontrarte de nuevo para poder preguntarte si tu enojo valió la pena la separación, si realmente querías terminar, pero más que nada, más que otra cosa para volver a verte sonreír y para preguntarte: "¿Quién invita a quién por un helado?"
Anónimo

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